Retomando la Taza de Café

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Volver a sembrar bajo un marco de conciencia ambiental, poco a poco recuperará la pérdida de fertilidad y reducirá la acidificación de suelos, al igual que mitigará la susceptibilidad a erosión y a fenómenos naturales como los acontecidos. También disminuyendo la resistencia de plagas y la abundancia de enfermedades bióticas y abióticas, incentivando el desarrollo de un hábitat biodiverso y saludable debajo de la sombra.  

La oportunidad de retomar la siembra del café, pero ésta vez bajo la sombra hará más que encaminar nuestra reforestación, reduciendo la temperatura y el calentamiento del suelo para que la materia orgánica aumente, sino que también capturará más dióxido de carbono (CO2) de la biomasa aérea. Inclusive, la siembra rústica en forma de un policultivo de café con sombra logra capturar un 58% por ciento más carbono en el terreno y biomasa que el café cosechado bajo el sol, el cual también requiere de mayor capital de inversión, fertilizantes, pesticidas y fuerza laboral para mantener su productividad. Trabajar la tierra como se debe, en un proceso de diversificación forestal reducirá los efectos y los costos ambientales pagados luego de la Revolución Verde. A su vez, dándole mayor seguridad financiera a nuestros agricultores al tener varias cosechas que vender en el caso de que los precios de algunas de ellas fluctúen adversamente en el mercado.

 La dura realidad de que no existe abundancia de cosechas de café en Puerto Rico, obligándonos a que se importe la gran mayoría de los 270 mil a 300 mil quintales que se consumen anualmente en la isla. En el 2016 se produjeron en Puerto Rico unos 45 mil quintales y para el 2017 se esperaba una producción de 100 mil quintales, pero luego de los huracanes Irma y María, la expectativa era que la cosecha de café fluctuara entre 10 mil a 15 mil quintales. La demanda de granos de café para elaborarse en Puerto Rico en años pasados ha sido de 240,000 quintales aproximadamente, por lo tanto, la industria local sólo podrá proveer entre el 4.17% y el 6.25% del café que es tostado, en ocasiones molido y empacado. A través del Programa de Compraventa de Café es que históricamente se ha importado la diferencia entre la demanda y el suministro local, el cual genera unos $50 millones anuales destinados para incentivos y distintos programas de apoyo agrícola, incluyendo para el nicho del café.  

Casi inmediatamente luego de los estragos de los huracanes, en noviembre del mismo año se propuso la resolución conjunta del Senado Número #175, la cual ordena al Departamento de Agricultura a pagar $300 por quintal a aquellos que hayan perdido sus cosechas de café, o sea, a todos los caficultores, durante los próximos cuatro años. La cifra se basará en la cantidad de quintales producidos en el 2016 por finca de acuerdo a los informes de OFIN, con las cantidades certificadas a dividirse entre 25% para fertilizantes, un 25% para mano de obra y el restante 50% para gastos de administración de las fincas en los 26 municipios en donde se siembra. A pesar de que la resolución conjunta fue aprobada en el Senado y se encontraba bajo consideración ante la Cámara de Representantes, ésta ayuda no será suficiente para restaurar y mejorar nuestra industria de café, se tiene que hacer más.  

Por parte del Departamento de Agricultura, existe la meta de sembrar dos millones de arbolitos anuales durante los próximos cuatro años, lo que producirá alrededor de seis millones de arbolitos de café. El proceso se comenzó con la entrega de 50,000 arbolitos o plantones en las regiones montañosas de Puerto Rico para que la siembra iniciara a finales del año antepasado. Todas éstas asistencia sí son positivas para la industria, pero en lo que a los caficultores concierne, existen otros elementos que tienen que ser atendidos que limitan la competitividad del sector.  

Uno de los problemas recurrentes a los que se enfrenta la industria del café en Puerto Rico es la falta de mano de obra, porque en una finca se puede registrar una cantidad específica de semillas de café en quintales, pero la cantidad real podría alcanzar hasta el doble, porción que no se recoge. Es por esto, que diseñar algún tipo de incentivo salarial es importante para apoyar los ciclos de siembra, mantenimiento y sobretodo los de recogido de las semillas, el cual se dará optimistamente en entre cuatro y cinco años luego de la destrucción total ocasionada por el huracán María.  

En las proyecciones no tan alentadoras, de no tomarse acción con un programa agresivo de rescate y promoción de siembra, podría tardar hasta una década en que la industria del café se recupere. Si se incentivara de la manera correcta la producción de café en la isla, a través de la substitución y reemplazando los 240,000 quintales base pilado importados para la demanda local anualmente por la Administración para el Desarrollo de Empresas Agropecuarias (ADEA), se estima que redundaría en $75 millones de dólares en ingresos brutos para los caficultores locales.  

Sin lugar a dudas, la falta de semillas de café, la calidad de las misma y la forma en que se les asigna a los caficultores es el problema principal que acecha la industria. Por eso, es importante el tomar el tiempo para evaluar programas semilleros modelo y establecer un marco de reglas y legislaciones que apoyen el sector, pero que ésta vez, se realicen. La estructura del sector agrícola debe ser sólida y debe de atender las necesidades de los caficultores, proveyéndoles abono, cal, mayores evaluaciones de suelos, incentivar la mano de obra, proveer ayuda financiera e iniciativas que mitiguen los riesgos de daños ocasionados por futuros huracanes.  

Los caficultores a través de los años han aprendido a valerse por sí mismos y desarrollar iniciativas para ayudarse entre ellos. Por ejemplo, el gerente general de Puerto Rico Coffee Roasters, Germán Negrón se comprometió con producir sobre 3.0 millones de árboles de café en los próximos dos años, realizando una inversión de $300,000 para construir dos viveros de café adicionales en Manatí y en Jayuya para lograr duplicar la capacidad de producción de semillas en un año.  

Como se ha dado con el movimiento del campo a la mesa, también se debería dar uno de la torrefacción a la cafetera, proveyéndole un apoyo estructurado y medible a la industria cafetalera de la isla, la cual lleva solicitándolo por décadas. Conociendo muy bien cuáles son los problemas que impiden que nuestra industria engrane, retomemos la taza de café con un plan maestro que le asigne una solución real a cada uno de ellos de manera permanente, duradera y sustentable bajo la sombra.