Lidiando con Nuestros DESPERDICIOS

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En muchas partes del mundo se han viabilizado proyectos para el manejo responsable de desperdicios, ya sea con avanzados programas de reciclaje que redundan en insumos de construcción y hasta en otros productos de mayor utilidad a través del “upcycling”, como vallas de seguridad para carreteras, por ejemplo, al igual que el desarrollo de otros modelos capaces de convertir la basura en energía como tal. Según la Autoridad de Residuos Sólidos, en Puerto Rico se producen alrededor de 3.8 millones de toneladas (t) de desperdicios sólidos anualmente, de los cuales 2.7t millones o el 70.3% son llevados a los 29 sistemas de relleno sanitario (SRS) alrededor de la isla.  

En la actualidad, la gran mayoría de los vertederos se encuentran en condiciones críticas y al punto del desborde en cuanto a la cantidad de basura que se deposita en ellos. No solo esto, sino que diecinueve se encuentran en violación de leyes federales ambientales, pero continúan operando como “open dumps” y tan solo once de los vertederos cuentan con los revestimientos sintéticos o “liners” que evitan la percolación de lixiviados al subsuelo y a los acuíferos. Debido a que potencialmente doce de los vertederos podrían cerrar dentro de los próximos cuatro años, existe incertidumbre en cuanto al manejo de desperdicios sólidos en el Puerto Rico del futuro porque para el año 2030 sólo quedarán entre 7 a 8 operantes con vidas útiles remanentes de entre 7.5 a 17.8 años en el mejor de los casos.  

El origen de los sistemas de relleno sanitario (SRS) en Puerto Rico fue uno paulatino e informal inicialmente, en respuesta directa a la creciente población de la isla y a las cantidades de desperdicios que generaba. El Salto San Cristóbal, entre Barranquitas y Aibonito, en un momento dado fue el vertedero regional principal, aunque en 1968 sobre 500tas cuerdas de terreno eran utilizadas como vertederos en distintos puntos de la isla. La gran mayoría consistían de 5 cuerdas (cdas), San Juan unas 100cdas y otros pocos de 20cdas, no obstante, para el principio de la década de los 70ta también habían surgido unos 1,344 vertederos clandestinos en Puerto Rico, un promedio de diecisiete por cada municipio. Una cantidad mínima se incineraba, mientras que tan solo 8 SRS disponían los desechos sólidos de manera apropiada y según los estándares. Los sesenta y dos vertederos oficiales restantes depositaban a cielo abierto, sin compactar ni soterrar más del 60% de los desechos recolectados.  

Posteriormente, medidas para controlar la basura en Puerto Rico fueron aprobadas, la Ley Núm. 70 de 1992 por ejemplo requiere que no menos del 35% de los residuos sólidos se procesen mediante reducción y reciclaje. En 1994 cerraron 32 vertederos (i.e. SRS) de los 64 que quedaban, restando 33, luego de haber entrado en vigor el acta para la Conservación y Recuperación de Recursos (RCRA, por sus siglas en inglés) el 9 de octubre de 1993. Ya para el 2013 se inició la construcción de un nuevo sistema de relleno sanitario en Peñuelas, el cual en la actualidad también sirve para el manejo de desperdicios industriales y de mayor riesgo al ser humano. De los 29 que se encuentran operando, seis de ellos se encuentran en procesos de expansión, ya sea por razones ambientales, como mitigar la contaminación de nuestros cuerpos de agua, y para añadirles mayor capacidad de retención, siguiendo los parámetros y el consentimiento del “Environmental Protection Agency” (EPA).

Cuando se trata de la generación de la basura como tal, en dónde hay mayor densidad poblacional evidentemente abundan los desperdicios sólidos. Anualmente, entre San Juan (401,137t), Bayamón (211,175t), Carolina (179,360t), Ponce (168,772t), Caguas (144,994t), Guaynabo (99,363t) y Arecibo (97,858t) se produce un 35% de la basura, aunque la generación se encuentra bastante distribuida alrededor de los 78 municipios. En la siguiente gráfica podemos analizar los ingresos al igual que los costos reales de disponer de desperdicios según información presupuestaria de cada uno de los municipios, identificándose una tendencia general hacia menores ingresos y mayores gastos en el manejo de nuestra basura.

A pesar de que la información desglosada para el año fiscal 2009-2010 no estaba disponible en ninguna agencia, se promediaron las cantidades del año anterior y posterior. Por otro lado, cuando se trata de los ingresos generados por concepto de disposición de desperdicios, desde los años fiscales 2003-2004 al 2018-2019 los siguientes municipios generaron mayores ingresos.

Aunque Toa Baja no ha reflejado ingresos en los libros desde el año fiscal 2011-2012, su promedio durante la primera mitad del periodo fue de $10.4 millones de dólares anualmente. Según la definición de disposición de desperdicios los gastos municipales incluyen el manejo de basura tanto sólida, como líquida y tóxica, ascendiendo a un costo global de $1.07 billones de dólares entre los años 2005 y 2019, sosteniendo ingresos representativos de un 19.6% del gasto o de $208.8 millones de dólares.  

Desde el año 2008 hasta el 2019, considerando que el último año que aparece en la data de contratos de recogido de desperdicios y reciclaje de la Oficina del Contralor es el 2048; el Gobierno de Puerto Rico ha llegado a acuerdos para el manejo de desperdicios sólidos, biomédicos, equipos electrónicos, aceite usado, escombros, medicamentos y sustancias controladas, neumáticos, vaciado de pozos sépticos y de reciclaje por un total de $1.61 billones. En el siguiente gráfico se puede observar la marcada irregularidad en la emisión de contratos y en las cuantías de los mismos, ya que cuentan con ciclos de entre dos a cinco años, aunque otros retienen vigencias mucho más prolongadas hacia el futuro.  

Al comparar los contratos otorgados con los vigentes año tras año, se pueden observar incrementos millonarios, sobretodo luego del impacto de los huracanes Irma y María, con los vigentes sobrepasando y alcanzando los $458.9 millones versus los otorgados en el mismo 2018, valorizados en $383.2 millones. De segregar la data del Contralor, se puede identificar que el gobierno central y todas sus institucionalidades gastaron en total alrededor de $705.9 millones en el manejo de desperdicios sólidos desde el 2008 hasta el 2019.  

El estado de emergencia en el que se encuentra Puerto Rico cuando se trata de su capacidad de manejar más desperdicios sólidos, las condiciones contaminantes de la mayoría de los SRS, al igual que los costos ascendentes en contratos millonarios tanto a nivel municipal como estatal, dan indicio de la importancia que tiene desarrollar una solución al largo plazo que vaya más allá de expandir las capacidades actuales. Los procesos “waste-to-energy” queman la basura para generar energía al igual que crean dos tipos de agregados en forma de las cenizas que pueden ser utilizadas para la manufactura de bloques y como rellenos aislantes de tubería subterránea, entre otros usos.  

Mientras en otras partes del mundo optimizan los procesos de manejo de desperdicios sólidos con la implementación de nuevas tecnologías, simultáneamente generando energía de bajo costo para abastecer las necesidades de la ciudadanía, en Puerto Rico se preserva el status quo sin contemplar otras opciones viables como la mencionada planta waste-to-energy que cuenta con una capacidad de 165 megavatios eléctricos (MWe).  

Los vertederos de desperdicios sólidos son responsables de un 11% de todo el metano (CH4) que es liberado a la atmósfera por actividad humana, gas que captura 28x veces más el calor que el dióxido de carbono (CO2) pero que dura mucho menos tiempo en el ambiente, 12 años en vez de 100 a 300 años, induciendo a invertir en tecnologías de captura u otras para contrarrestar el cambio climático con mayor rapidez. Por tal razón, en nuestras próximas ediciones compararemos los sistemas de relleno sanitario, las plantas waste-to-energy, al igual que las tecnologías específicas que les hacen sustentables para resolver dos problemas, el exceso de basura y la falta de energía con una misma iniciativa.

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Una solución ambientalmente amigable fue creada por las firmas de arquitectura dinamarquesas Schmidt Hammer Lassen y Gottlieb Paludan, ganándose en conjunto el premio (2016) del mejor diseño de la planta de “basura-a-energía” más grande del mundo a localizarse en la región montañosa de las afueras de Shenzhen, dentro de la República Popular China. La densa ciudad cuenta con 20 millones de habitantes, mientras que la planta podrá incinerar una tercera (⅓) parte de los desperdicios sólidos generados, o 5,600 toneladas (t) de basura diariamente.  

Al utilizar lo último en la tecnología de incineración y de generación de energía, la facilidad sustentará sus operaciones con la instalación de paneles fotovoltaicos (PV) alrededor de dos-terceras (⅔) partes de su techo de 66,000m2 metros cuadrados. Adicionalmente, la facilidad a ser terminada en el 2020, mantendrá una estética circular moderna al igual que un centro para visitantes, en donde se podrán ver las operaciones y disfrutar de vistas panorámicas de la región y del expansivo techo renovable. La firma Schmidt Hammer Lassen desde sus oficinas en China coordinó la colaboración con los arquitectos industriales Gottlieb Paludan, quienes han trabajado otros proyectos tales como subestaciones de ladrillos, plantas de enfriamiento y manejo de agua, al igual que plantas de energía y calefacción por medio de la quema de biomasa.